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Ideas Delirantes

Trastornos del pensamiento: DELIRIOS…

Las ideas delirantes se presentan con la máxima frecuencia en la esquizofrenia, pero pueden ser observadas en todos los estados psicóticos, incluyendo los originados por alteraciones somáticas graseras.

Una idea delirante es una respuesta autoplástica a través de la cual el individuo se adapta mediante una trasformación psicopatológica de su mundo interno, en contra posición a la respuesta alopática del sujeto sano que se adapta intentando modificar, con su esfuerzo, el medio ambiente o sus propias posibilidades de acción.

 Siete pasos de la génesis del sistema delirante de R. Sarro.

1.- Temple delirante – se trata de un estado en el que el enfermo se siente inquieto, desazonado, presintiendo que algo importante y amenazador ocurrirá.

2.- Aparición de nuevas significaciones – los estímulos externos, así como las sensaciones corporales, adquieren para el enfermo un sentido desconocido hasta el momento.

3.- Interpretaciones e inspiraciones delirantes – cuando las percepciones son dotadas de nuevos sentidos de tipo delirante y cuando hablamos de inspiraciones delirantes nos referimos cuando la idea delirante aparece desconectada de cualquier percepción o estimulo.

4.- Predominio de un tema delirante – progresivamente, entre la multitud de nuevos significados, inspiraciones e interpretaciones, determinado tema, de carácter religiosos, persecutorio, megalomaniaco, etc., va destacando entre los demás, polarizando a su alrededor toda la actividad delirante.

5.- Incorregibilidad del delirio – Este tema se instaura de manera permanente, aun cuando pueda presentar modificaciones secundarias o de revestimiento.

6.- Integración del delirio – Las ideas delirantes se estructuran no solamente entre sí, sino también con los demás elementos psicóticos, tales como las alucinaciones, estados afectivos, comportamientos, etc, así como con los aspectos intelectuales y caracterológicos de la personalidad.

7.- Sistematización – de acuerdo con el nivel intelectual y cultural del enfermo, se inicia un trabajo de ordenación lógica que tiende, con mayor o menor éxito, a estructurar el conjunto de ideas delirantes, subordinadas a un tema predominante, en un sistema de creencias, valores y actitudes.

Clasificación de delirios según el tema dominante.

Existen dos familias de delirios. Los delirios centrípetos que se caracterizan por el sentimiento de impotencia, temor e incapacidad ante los cambios que se presienten, las fuerzas que amenazan y los enemigos que acechan. Los delirios centrífugos, el enfermo se siente fuerte, en posesión de la verdad y la razón, con energía sobradas para hacer frente a sus adversarios, ungido con alguna misión trascendental, destinado a exponer al mundo algún sensacional descubrimiento, investido de la competencia y autoridad para castigar a los culpables, etc…

Delirio persecutorio – Es el más frecuente. El enfermo se siente perseguido y amenazado por supuestos enemigos que le espían, vigilan, intentan aniquilarle por diversos métodos. Los perseguidores pueden ser conocidos o desconocidos, compañeros de trabajo, policías, etc..

Delirio de autor referencia – El enfermo se lamenta de que los demás piensan y hablan de él de forma despreciativa, irónica e insultante. Cuando va por la calle se siente observado y piensa que los compañeros de trabajo se refieren a él, directa o indirectamente, en sus conversaciones, e incluso puede llegar a descubrir alusiones a su persona en los periódicos, en la radio, etc. En unas ocasiones, el enfermo desconoce las causas de esta polarización del interés de los demás en su persona, mientras que en otros casos lo atribuye a una falta, real (masturbación) o supuesta por los demás.

Delirio de influencia – El enfermo se siente influido por fuerzas externas a él que de alguna forma coartan o dominan su pensamiento, le imponen sensaciones corporales de tipo molesto o erótico, etc. Estas influencias se efectúan, según él, mediante maquinas eléctricas, rayos especiales, ondas magnéticas, etc… o bien por procedimientos de tipo mágico, hechizos y brujerías. En muchas ocasiones, el enfermo se queja de que es poseído sexualmente en contra de su voluntad. Esta forma de delirio presupone una regresión del pensamiento a niveles mjy primitivos de funcionamiento, siendo, por tanto, consecuencia de una infiltración de la enfermedad, que desorganiza gravemente las funciones del yo. Las partes sanas de la personalidad se defienden contra esta invasión morbosa rechazándola al exterior y sintiendo a las partes enfermas como venidas de afuera y constituidas en cuerpo extraño.

Delirio hipocondríaco – Convicción, falsa o injustificada, de sufrir determinada enfermedad o de que ciertos órganos del cuerpo se hallan gravemente alterados. Estas ideas, como propiamente delirantes, son totalmente irreductibles a cualquier argumento médico, aun apoyado por la más cuidadosa exploración somática, que tienda a rebatirlas. En realidad, se trata de una variante del delirio de persecución, ya que la exploración cuidadosa de estos enfermos muestra que su vivencia intima es la de sentirse perseguidos por el órgano enfermo. Este, a su vez, es el representante del objeto internalizado, atacado y convertido en persecutorio. Son, pues, enfermos que se hallan perseguidos desde adentro.

Delirio melancólico – Los enfermos piensan que los más terribles desastres caerán sobre ellos y sobre sus seres queridos y a la vez, se consideran a si mismos indignos y miserables, condenados a muerte por enfermedades incurables, o total y absolutamente arruinados.

Se distinguen dos formas principales de este delirio.

1.- Delirio nihilista o de negación – denominado síndrome de Cotard, se caracteriza porque la intensidad de la depresión, mezclada al delirio hipocondriaco, lleva al enfermo a negar su propia existencia. Cree estar muerto, o que sus órganos ya no funcionan en absoluto, que su cuerpo es solo una apariencia, que sus capacidades sensoriales han desaparecido

2.- Delirio de autoacusación – predominan las ideas de indignidad y culpabilidad. El enfermo se acusa de los más terribles crímenes y pecados. Pide ser detenido, castigado o ejecutado como expiración de todas sus faltas. En otras ocasiones, se atormenta por pequeñas transgresiones que varían según la escala de valores imperantes en su medio cultural y social, que en aquel momento adquieren ante sus ojos proporciones monstruosas. En algunos casos, juzgan que la magnitud de sus pecados es la causa de las desgracias e infortunios que asolan a la humanidad, y piden intensamente ser eliminados para que los demás no sigan sufriendo por su causa.

Delirio místico –  No existe temor, depresión, ansiedad, sentimientos de amenaza, etc., el enfermo manifiesta un estado de ánimo gozoso y exultante. El sujeto se cree escogido por dios para alguna misión trascendental, nuevo mesías, distinguido con especiales muestras de afecto y de consideración por parte de dios o alguno de sus ángeles. En ocasiones, la comunicación divina se mezcla con la diabólica, y engonces el enfermo se encuentra en lucha contra los poderes demoniacos, ayudado por las potencias del bien.

Delirio megalomaniaco – El enfermo se siente en posesión de grandes valores personales, tales como inteligencia, sabiduría, belleza fuerza y conocimientos especiales, así como, en otras ocasiones, dueño de riquezas, bienes fabulosos, negocios importantes y todo cuanto pueda se deseable. De ordinario, se siente generoso y se muestra dispuesto a favorecer con sus dones a quienes tienen trato con él, siempre que acepten sus ideales y no le lleven la contraria, ya que, en este caso, se enfurece con facilidad.

Delirio Reformador – Lo presentan algunos enfermos que dedican todos sus esfuerzos a propagar ciertos planes, programas o nuevas formas de vida que, según ellos, traerán a la humanidad la salvación de todas sus miserias y la conquista de la felicidad futura. Separa y distingue a estos delirantes, respecto de los otros con mayor o menor fanatismo.

Delirio de invención – El enfermo considera haber realizado un invento fabuloso, haber descubierto lo erróneo de algunas de las teorías científicas comúnmente aceptadas por la sociedad civilizada o haber llegado a una nueva interpretación de hechos y fenómenos ya conocidos. Al no ser reconocidas por los demás sus pretensiones, rechazados sus inventos y no tenidas en cuenta sus revolucionarias concepciones, se sienten injustamente tratados y con frecuencia se creen victimas de maquinaciones y persecuciones por parte de gentes interesadas en que sus descubrimientos no obtengan el éxito merecido.

Delirio celo típico.  – La certeza de una infidelidad por parte del cónyuge, basada en suposiciones, intuiciones e interpretaciones tendenciosas de hechos en si indiferentes, sin una base lógica ni la comprobación experiencial de sucesos supuestamente significativos., constituyen el delirio de celos, que es uno de los más frecuentes en clínica psiquiátrica. Es especialmente característico de los alcohólicos crónicos, hasta el punto de que considero que no hay alcohólico crónico en el que no se encuentre, si se investiga con cuidado, algunas ideas celotipias, en germen si no plenamente desarrolladas.

Ideas delirantes secundarias – aunque el nombre es muy peligroso, puesto que no son, de ninguna manera ideas delirantes, sino únicamente formas de pensamientos que pueden ofrecer alguna similitud externa con los fenómenos delirantes. Como en el caso de un campesino, que al ver enfermar a todo su ganado, lo atribuye a un maleficio simplemente como una forma de explicarse un fenómeno acaecido, de acuerdo con las normas culturales y el sistema de creencias en que ha sido educado.

Para concluir, esta clasificación es de tipo pedagógico ya que no solo cae en una perturbación del pensamiento, sino en la alteración total de la personalidad, lo que se expresa a través de fenómenos delirantes.


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Referencias: Psiquiatría Dinámica, Joan Coderch | Psiquiatria.com |

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