Personajes Históricos y sus disparates

1 LA REALEZA Y SU VIRILIDAD.

Los niños de antaño querían tener barba para parecerse a papá, los de ahora se depilan las cejas por amor a mamá. ¿Cómo ha cambiado el mundo?

Virilidad: muestra de poder, energía y valor requeridos para dirigir y comandar a las naciones del mundo, creencias que han marcado a la humanidad y a sus gobernadores desde siempre.

La virilidad está relacionada con la barba del hombre, la testosterona, la hombría de carácter indomable y fuerza tenaz que el pueblo exigía a sus gobernantes, creencias que en el antiguo Egipto atribuían a sus dioses, ya que se creía que todos ellos tenían barba. Sin embargo, pareciera que el humor llego a los faraones, ya que la mayoría de estos ancestrales gobernadores eran lampiños. Pero gracias a sus artimañas elaboraron barbas falsas para poder simbolizar su realeza ante su pueblo.

También la virilidad de un gobernante tendría que reflejar la fortaleza suprema para poder soportar y resistir todas las adversidades. Razón por la cual, El Rey Fernando, conocido como “el católico” consumía caldo de testículo de toro todos los días ya que según él, fortalecía su virilidad y con ello gobernar con mano de hierro.

Pero por razones desconocidas, la muestra de virilidad se fue perdiendo. La costumbre de tener un barón como heredero sucumbió, seguramente por otras razones y no gracias a la depilación de cejas ni a los metrosexuales. Puesto que la virilidad también se expresaba en el acto sexual, creencia que un macho cabrío como lo era un rey concebiría a un macho alfa quien comandaría el destino de la nación y si no era así, la culpa la tendría la reina por defectuosa. Aunque al parecer a Luis XVI de Francia perdió su virilidad por culpa del Rey Sol, su ancestro Luis XIV –quien utilizo zapatos con tacón– ya que consumo su matrimonio con Maria Antonieta de Austria siete años después de la boda. Quizás tendría miedo de no ser tan viril como esperaban que fuese.

O acaso le paso lo mismo que al Rey Enrique VIII de Inglaterra que ordeno pintar un retrato de Ana de Cleves para poder conocer su aspecto y al llegar la pintura, no la mostraba tan fea así que decidió aceptarla como esposa; al conocerla en persona, se dice que el rey comenzó a criticar y a maldecir la obra de arte por haber ocultado todos sus defectos.

Nunca sabremos ni cuándo ni a donde fue a parar la virilidad: reflejo de la autoridad suprema. Pudieron ser muchos los personajes causantes de ello, como en el caso de Pedro I, zar de Rusia entre 1682 y 1725, llamado «el grande», quien impuso a los nobles la lectura de un libro que enseñaba las normas más elementales de educación, entre ellas: no utilizar la punta del cuchillo para limpiarse los dientes, ni el dedo índice para hacer lo mismo con la nariz.

Quizás la educación se la comió y hoy en día, se busca una sociedad unisex donde hombre y mujer se parezcan tanto que ya de igual lo que se sea…

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