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Ráfagas de Historia EL JABÓN.

Se cree que el jabón se utilizó hace unos tres mil años ya que se encontró en Mesopotamia tablillas de arcilla que sugiere ser la primera receta para elaborar jabón.

“Se debe mezclar una parte de aceite y cinco de potasa. De este modo se obtendrá una especie de pasta que librará al cuerpo de la suciedad más que empleando solo el agua del río”.

¡¡Esto quiere decir que en 192,000 años tardo el homo sapien en darse cuenta de que olía mal!! Ya que los fósiles más antiguos ubicados en el sitio arqueológico de Omo Kibish, Etiopía, tienen una antigüedad de 195.000 años.

Los fenicios, por su parte, fabricaban “el jabón” con aceite de oliva y soda cáustica (o carbonato de sodio) obtenida a partir de las cenizas de la combustión de plantas halófitas (plantas que viven en las salinas) como la salicornia o la salsola y parecido menjurje se sigue utilizando en Siria: el jabón sirio, procedente de la ciudad de Alepo, antiguo territorio fenicio, continúa elaborándose con el mismo método tradicional y con aceite de oliva y aceite de laurel.

Sabemos también por la Biblia que Moisés, además de los Diez Mandamientos, dio a los israelitas unas leyes detalladas que trataban sobre la limpieza personal y que éstas pretendían, además de un mayor aseo entre el pueblo, conservar la salud, evitando infecciones y contagios.

En el Egipto antiguo se frotaban con la mezcla obtenida del natrón (un carbonato de sodio mineral extraído de los lagos salados después de la evaporación del agua), tierra de batán (una arcilla poco elástica que tiene la propiedad de absorber las materias grasas) y altramuces remojados en agua de lluvia machacados y hacia el segundo milenio a.C. parece que los egipcios obtenían un producto de limpieza corporal a partir del carbonato potásico y la sosa. La ropa se limpiaba con raíces de plantas, entre ellas la planta saponaria, o se recurría a las orinas descompuestas ricas en amoníaco.

El mundo mediterráneo antiguo no conocía el jabón; en su lugar se empleaba el aceite de oliva: se cocinaba y se lavaba el cuerpo con el mismo producto y se podría decir que los fenicios, los más activos comerciantes del mundo antiguo, trajeron el jabón a Occidente, tal vez a Cádiz y Marsella hacia el 1000 a.C., y no solo comerciaron con él sino que dejaron sus métodos de elaboración a celtas y galos, que aprendieron a hacer jabón antes que los romanos.

El jabón antiguo se obtenía de las cenizas procedentes de la combustión de la madera de arce, cenizas que se mezclaban con aceite de oliva, sosa, grasa animal y cal viva.

Los germanos y los celtas utilizaban grasa de cabra y cenizas de abedul para fabricar sus jabones. El jabón era, según el historiador romano Plinio, un invento galo. Los galos fabricaban sus jabones con cenizas de haya y sebo o grasa de jabalí y lo usaban según Plinio para teñirse sus largas melenas de rubio o pelirrojo.

El olor de la grasa rancia les resultaba bárbaro a los romanos, que como los griegos y etruscos se lavaban frotándose por el cuerpo una mezcla de aceites aromáticos y arena o ceniza que luego eliminaban con un estrígilo. De hecho, la palabra jabón es de origen germánico: sapon, que el historiador y naturalista latino Plinio el Viejo describía así:

“Una especie de ungüento grasiento de sebo de cabra y cenizas de haya que se dan en el pelo para untárselo y teñirlo los pueblos bárbaros, al que llaman sapón”.

Galeno, el más importante de los médicos romanos, aseguraba que era la mejor manera, y acaso la única natural, de eliminar la principal fuente de enfermedades: la suciedad.

En el siglo III a.C. se fabricaba en Arabia un jabón mediante la cocción de una mezcla hecha con potasa, álcali proveniente de cenizas, aceite de sésamo y limón.

Hay quien asegura que los cruzados introdujeron en el siglo XI el jabón en Europa Central desde Alepo. Los fenicios tuvieron tratos comerciales con Europa antes de los tiempos romanos, así que seguramente este tipo de jabón habría llegado mucho antes a las ciudades costeras como Nápoles, Marsella, Cartagena o Cádiz. Lo cierto es que en la Baja Edad Media no se utilizó mucho el jabón, y debido a la falta de higiene se originaron grandes epidemias que diezmaron a la población, como la peste negra del siglo XIV.

Ya en el siglo VIII el jabón se conocía en todo el sur de Europa. Se fabricaba en Toledo, Génova y Marsella y era producto caro debido a que las materias primas eran de difícil extracción. Las cenizas de algas marinas y la potasa no eran fácilmente obtenibles.

La primera gran jabonería europea la construyeron los árabes a finales del siglo X en Al Andalus, en Sevilla. En el valle del Guadalquivir, donde había grandes olivares y marismas, se obtenían las materias primas necesarias para fabricar un jabón que cuatro siglos más tarde se conocerían como jabón de Castilla. Aun así, en Andalucía se siguió llamando por el nombre árabe, almona, a las fábricas de jabón.

El monopolio del jabón de Sevilla, ostentado por los marqueses de Tarifa en el siglo XVI, fue ampliado hasta América después de la conquista. En este mismo siglo ya se exportaba este sapo hispaniensis o sapo castilliensis al Reino Unido a través de Amberes. El jabón de Castilla, al provenir de aceites vegetales en vez de grasas animales, podía utilizarse en la higiene personal. Fue así como los europeos se volvieron más limpios y empezaron a desaparecer las grandes pandemias.

Las famosas fábricas de jabón de Marsella se establecieron en el siglo XIV. Este jabón tradicionalmente se fabricaba con aceite de oliva, agua del Mediterráneo y sosa cáustica proveniente de cenizas del laurel. Como el de jabón de Alepo, también se sigue fabricando hoy en día.

Disparates
Luis XIV hizo guillotinar a tres fabricantes cuyos jabones le habían irritado la piel.

En la feria castellana de Medina del Campo, donde se reunían los jaboneros más importantes de España, gozaban de prestigio los jabones procedentes de Toledo, y es que existía la denominación de origen en el sentido de que se valoraban los productos elaborados en los centros jaboneros de Ocaña, Torrijos y Yepes, que competían con los valencianos e incluso con el jabón de Venecia.

La elaboración del jabón era artesanal, por lo que su producción era muy reducida por no dar más de sí las pequeñas factorías de tipo familiar.

Curioso e Interesante.
En 1575 se construyó una almona en la Ciudad de México. El jabón que se fabricaba en ella era el que usaban los mexicanos, hecho a partir del tequesquite, un mineral rico en sosa, y algunas plantas. En el siglo XVII se sabe de la existencia de una jabonería en Guayaquil que fabricaba jabón a partir de sebo de vacas y cenizas de yerba.

En 1791 el francés Nicolás Leblanc invento o descubrió un procedimiento para obtener carbonato de sodio a partir de la sal marina, lo que simplificaba y abarataba el proceso de obtención de la sosa (obtener sosa a partir de sal común, carbón, tiza y sal de Glauber). Facilitando y abaratando el proceso de suministro de sosa en el mercado, afectando a toda la industria jabonera ya que el precio del jabón cayo en picado. Por otro lado, se universalizo el jabón, ayudando a generalizar la limpieza.

Disparates.
Para dar a conocer los nuevos hallazgos que tanto abarataban el jabón se moldeó el busto del rey de Francia con el producto obtenido con las nuevas técnicas, y se inscribió en él la siguiente leyenda: “Quita todas las manchas”.

En 1823, Eugène Chevreul demuestra que las grasas están formadas por una combinación de glicerol y ácidos grasos (oleico, margárico y esteárico) y explica así químicamente la reacción de la saponificación descubierta por los sumerios y poco después, hacia 1820 el francés Michel Eugène Chevreul descubrió la oleína, demostrando que el jabón era el resultado de una relación química precisa. Chevreul hizo sus jabones utilizando sebo de vacuno sometido a temperaturas de entre 80 y 100 grados mediante lejía de sosa, de todo lo cual obtenía una cola de jabón que secaba con sal común.

Aquellas innovaciones hicieron disminuir de forma notable en la Europa de 1830 la mortalidad infantil, gracias al abaratamiento de un producto tan íntimamente ligado a la higiene. Medio

En 1861 el belga Ernest Solvay, establecido un procedimiento que supuso un gran avance en la historia del jabón; estableció las bases técnicas para fabricar sosa en gran escala, con lo que el jabón encontró su fórmula definitiva, ya que añadía amoníaco y dióxido de carbono a una disolución de sal marina.

“¡Qué placer acudir a los salones, ya no huelen los señores a su propia humanidad…!” exclamaban los cortesanos ingleses a finales del siglo XIX.

La pastilla de jabón fue inventada en 1903 por el alemán Adolph Klumpp y su famosa prensa refrigerada para fabricar jabón, cuyo procedimiento facilitaba la solidificación rápida del jabón líquido y caliente mediante un proceso de enfriamiento por agua, con lo que era sencillo dividir en bloques o porciones del tamaño que se quisiera la masa de jabón, ponerles un sello y prepararlas para su empaquetamiento y embalaje. Este proceso, que Klumpp redujo a un cuarto de hora, exigía con anterioridad a su prensa un par de semanas.

En el siglo XIX, los aceites de copra (pulpa seca del coco) y aceites de palma que venían de las colonias, se empezaron a emplear en la fabricación de los jabones.

Desde los años 30 del siglo XX, el jabón tradicional tuvo que competir con los tensioactivos sintéticos que se utilizan hoy en día en los detergentes, productos de limpieza, jabones y champús, que además son altamente contaminantes. A principios del XX los químicos alemanes S. Geisler y J. Bauer inventaron un procedimiento para fabricar jabón en polvo seco.

Pero eso del detergente: será parte de otra ráfaga de historia.

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