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Cuentos e Historias EL CAZADOR DE LOROS.

Hace mucho tiempo, en la antigua india, el monje Saban, un sabio muy conocido por su amor a los animales, motivo por el cual vivía retirado en las profundidades de la selva para convivir con todos ellos; observo, un buen día, a un cazador llegar a la selva, subir a la montaña más alta y extender una horripilante red sobre un gran árbol.

A la mañana siguiente, el cazador, regreso y se llevó a veinte loros que habían quedado atrapados en la engañosa red.

Esto sucedió durante varios días, por lo que el monje Sanban que observaba respetuoso lo acontecido, decidió intervenir; y se dirigió hacia el cazador, preguntándole el motivo de su cruel cacería.

Éste le contestó que era muy pobre y debía mantener a su familia del único modo que podía, cazando loros y vendiéndolos por los mercados y palacios. El sabio al oírlo decidió no intervenir, dejando que solucionaran el problema los propios loros. Sin embargo, ideó una estrategia peculiar.

Tras pedirle al cazador que le regalara uno de los loros que había cogido esa mañana, el monje llegó a su choza y comenzó a enseñarle al loro una frase para que la fuera repitiendo por toda la selva, advirtiendo a los demás loros del peligro que corrían de ser cazados. El loro en seguida aprendió la frase y comenzó a repetirla:

– ¡el cazador vendrá, extenderá la red, escapad, volad, huid muy lejos!

Dejando al loro libre, le indicó que volara por toda la selva repitiendo la frase. Al poco tiempo, la selva era un clamor. Todos los loros repetían al unísono: ¡el cazador vendrá, extenderá la red, escapad, volad, huid muy lejos!

Al oírlo, el monje Saban se retiró a descansar feliz y orgulloso por su buena obra, sin preocuparse más de los loros.

A la mañana siguiente, el cazador subió a la montaña para recoger la red y los loros prendidos en ella, pero pronto brotó una mueca de rabia en su rostro al escuchar lo que cientos de loros entonaban todos a la vez en la selva: ¡el cazador vendrá, extenderá la red, escapad, volad, huid muy lejos!

Comprendiendo que el sabio se la había jugado… malhumorado decidió recuperar su red y venderla al mejor postor en el mercado. Sin embargo, ante su sorpresa, cuando llegó al lugar donde había colocado su red, observó asombrado que cientos de loros estaban prendidos en ella repitiendo todos juntos: ¡el cazador vendrá, extenderá la red, escapad, volad, huid muy lejos!

Cuando el monje vio aquello exclamo:

– Dios mío, ¿Pero para que os enseñe lo que debíais de hacer? No es repitiéndolo como os salvareis sino poniendo en práctica mi advertencia….

Conclusión.

Así ocurre en la vida real de muchas personas. Los maestros transmiten sus enseñanzas a sus discípulos, y muchos de ellos únicamente las comentan entre sí. Son como loros, saben lo que deben de hacer y se dicen así mismo muchas veces que van a cambiar pero siguen enganchados en la red mundana creada por sus propios defectos y egoísmos sin hacer nada por mejorar.

Para los amantes de los buenos cuentos, esos que, nos hacen reflexionar y nutren nuestro ser. No pueden se pueden perder los cuentos para pensar de Jorge Bucay.

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