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El origen filosófico de la emoción.

El origen de los conceptos motivacionales se dio por estos antiguos filósofos: Sócrates, Platón, Aristóteles, Tomas de Aquino, Rene Descartes.

Las raíces intelectuales del estudio de la motivación les deben sus orígenes a los antiguos griegos: Sócrates, Platón y Aristóteles.

Platón.

Propuso que la motivación fluía de un alma (mente, psique) tripartita dispuesta en forma jerárquica.

  • Al nivel más primitivo, el aspecto apetitivo contribuía a los apetitos y deseos corporales, como hambre y sexo.
  • El aspecto competitivo contribuía a estándares de referencia social, como sentirse honrado o avergonzado.
  • Al nivel máximo, el aspecto calculador contribuía a las capacidades de toma de decisiones, como la razón y la elección.

Para Platón estos tres aspectos distintos del alma motivaban y explicaban los diferentes terrenos de la conducta. Así también, cada aspecto superior podría regular los motivos de los aspectos inferiores.

Curiosamente esta filosofía empalma a la perfección con la teoría psicoanalítica de Freud: el aspecto apetitivo corresponde al ello, el aspecto competitivo al súper yo y el calculador al yo (Erdelyi, 1985)

Aristóteles.

Se apoyó en el alma tripartita establecida por Platón pero cambio su terminología: nutritiva, sensible y racional.

El aspecto nutritivo era el más impulsivo, irracional y animal. Contribuía a los impulsos corporales necesarios para sustentar la vida.

El aspecto sensible también se relacionaba con el cuerpo, pero regulaba el placer y el dolor.

El aspecto racional del alma era exclusivo de los seres humanos, ya que se relacionaba con las ideas, la intelectualidad y la voluntad.

Para Aristóteles la voluntad operaba como nivel máximo del alma ya que utilizaba la intención, la elección y aquello que es divino e inmortal.

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Cientos de años después la tripartita psique establecida por los griegos se redujo a un dualismo; pasión y razón.

El alma de dos partes retuvo la naturaleza jerárquica de los griegos ya que se hizo la distinción principal entre aquello que era irracional, impulsivo, biológico (cuerpo) frente a aquello que era racional, inteligente y espiritual (la mente). El ímpetu para esta reinterpretación se debió principalmente al compromiso intelectual con la era de las dicotomías motivacionales, como la pasión frente a la razón, el bien frente al mal y la naturaleza animal frente al alma humana.

Tomas de Aquino sugirió que el cuerpo proporcionaba impulsos motivacionales irracionales, basados en el placer, mientras que la mente proporcionaba motivaciones racionales basadas en la voluntad.

Rene Descartes.

Este filósofo francés, amplio el dualismo mente-cuerpo al distinguir entre los aspectos pasivos y activos de la motivación.

El cuerpo era el agente mecánico pasivo en términos motivacionales, mientras que la voluntad era un agente inmaterial activo en cuanto a motivación. Como ente físico, el cuerpo poseía necesidades nutritivas y respondía al ambiente en maneras mecanicistas a través de sus sentidos, reflejos y fisiología. Por el contrario, la mente era un ente pensante y espiritual con una voluntad deliberada: podría controlar al cuerpo y gobernar sus deseos.

Esta distinción fue tremendamente importante porque estableció el esquema para el estudio de la motivación durante los siguientes 300 años: el estudio mecanicista del cuerpo (fisiología) y análisis intelectual de la voluntad (filosofía)

Para Descartes, la fuerza motivacional máxima era la voluntad y pensaba que si podía comprender la voluntad, podría comprender la motivación.

Por ende, se creía que la voluntad iniciaba y dirigía la acción; elegía si actuaba y que haber en el momento del acto. Las necesidades corporales (pasiones, placeres y dolores) creaban impulsos a la acción, pero estos solo excitaban a la voluntad. La voluntad era una facultad (poder) de la mente que contralaba los apetitos y pasiones corporales en beneficio de la virtud y la salvación mediante el ejercicio de su poder de elección.

Al asignarle poderes excesivos de motivación a la voluntad, dio origen a la primera gran teoría motivacional.

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