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La Personalidad y los dioses antiguos.

Astros, planetas, satélites, las estrellas del cielo tienen un sentido, una expresión, una función.

Los primeros sacerdotes astrólogos de Mesopotamia no realizaban un análisis zodiacal a las personas en particular sino a las repercusiones sociales o colectivas. Fue hasta que uno de ellos emigro a Grecia para establecer la primera escuela astrológica en el siglo II a.C. donde se aplicó por primera vez una carta natal y a partir de esa época, el destino del individuo se convirtió en un descubrimiento y preocupación que marcarían la mentalidad greco-romana, latina, de la edad media y el renacimiento. Hoy en día, se continúa hablando de nuestro signo zodiacal y nuestro ascendente.

La Influencia Lunar. ¡Yo siento!

A partir de 0 a 7 años.

El recién nacido deberá crear una personalidad humana y solo a través de sus sentidos conocerá el mundo exterior.

El ser humano ingresa en el claustro materno como un simple germen para desarrollarse y desenvolverse; después de nueve meses, tal germen viene a la existencia ya más desarrollado, pero no completamente desarrollado. Manifiestamente, durante los primeros siete años de la infancia, pasamos por la influencia Lunar, gozamos entonces de la dicha del hogar, a menos que un karma violento nos dañe realmente estos primeros años de la vida. 

Pero el germen no está completamente desarrollado. El hecho de haber nacido un germen, y de haber vuelto a la existencia un poco más desarrollado, no significa que haya terminado su desarrollo. Durante esos siete primeros años de la existencia, se manifiesta en nuestro organismo, en los varones, la primera zona testicular que produce ciertas células que le permiten existir, y en cuanto a las niñas, sus ovarios le dan ciertas células, ciertos principios, que las sostienen vitalmente.

La Influencia Mercuriana. ¡Yo soy!

De los 7 a los 14.

Este niño comienza a identificarse como individuo, al ir a la escuela y tener mayor relación social comienza a generar sus ideas respecto a cómo es el mundo a formar su yo.

Más tarde, aquel germen, continuando con sus procesos de desarrollo, entra en la influencia de Mercurio; entonces el niño va a la escuela, estudia, juega, ya no puede estar a todas horas encerrado dentro de la casa, Mercurio lo mueve, lo agita, lo inquieta. La segunda capa testicular produce en el varón determinadas células que vienen a especificar y a definir completamente su sexo.

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La Influencia Venusiana. ¡Yo amo!

De los 14 a los 21.

El niño comienza a transformarse en adolescentes. En su personalidad ya están las percepciones formadas y las ideas establecidas de las cuales generara ideologías basadas en el deseo de sus gustos. En base a no me gusta y me gusta continuara su desarrollando.

Por su desarrollo, de los catorce a los veintiún años, pasamos bajo la influencia de Venus. Se dice que esa es la edad de la punzada; hombres y mujeres comienzan a sentir la inquietud sexual, las glándulas sexuales entran en actividad. La tercera capa testicular en el varón viene a producir zoospermos, más éstos todavía no están lo suficientemente maduros, porque tampoco aquel que va de los catorce a los veintiún años ha terminado aún su proceso de desarrollo.

La Influencia Solar. ¡Yo deseo!

De los 21 a los 42

El deseo meramente placentero se transforma en un deseo firme, en una convicción de quien es y que quiere lograr. Este adolescente se transformará en un joven. Ya conoce sus sentimientos, sus ideas, sus amores. Es tiempo de definir, voluntariamente su personalidad. De determinar ¡Yo siento! ¡Yo soy! ¡Yo amo! Porque quiero y así lo deseo…

De los veintiuno a los cuarenta y dos años tenemos que conquistar nuestro puesto a la luz del Sol. De los veintiún a los cuarenta y dos años queda completamente definida en la vida nuestra vocación y lo que hemos de ser.

La Influencia Marciana. ¡Yo actuó!

De los 42 a los 49

Ese joven se convierte en un adulto. Debe enfrentar la vida como desea enfrentarse. Busca lo que realmente desea y se enfrenta directamente con los obstáculos para lograr sus propósitos.

Después de los cuarenta y dos años, es decir, después que ha pasado la influencia solar, durante la cual nosotros hemos de conquistar nuestro puestecito a la luz del Sol, entramos en la época de Marte, que va desde los cuarenta y dos hasta los cuarenta y nueve. Quien ignora estos ciclos cósmicos repitiéndose en el microcosmos hombre, indudablemente no sabe aprovechar el ciclo de Marte y viene a crearse una vejez miserable. 

La Edad Madura comienza a los treinta y cinco años y termina a los cincuenta y seis años. El hombre de Edad Madura debe saber gobernar su casa y orientar a sus hijos. En la vida normal todo hombre de edad madura es jefe de familia. El hombre que no ha formado su hogar y su fortuna durante la juventud y edad madura ya no lo forma, es de hecho un fracasado.

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La Influencia Jupiteriana. ¡Yo gozo!

De los 49 a los 56

Es tiempo de recoger la siembra, de recibir lo que uno determino desear y su acción en el mundo. Es gozar o padecer de su actuar por el mundo.

Después de los cuarenta y nueve años, o sea de los cuarenta y nueve a los cincuenta y seis años, entra en nuestra vida Júpiter, Júpiter terrible; él da el cetro a los reyes, la vara a los patriarcas, el cuerno de la abundancia a quien se lo merece.
Sobre los hombros del hombre maduro pesa la responsabilidad de una esposa, de unos hijos y de unas hijas. El hombre maduro con alto sentido de responsabilidad, casto, sobrio, templado, virtuoso, etc., es respetado por su familia y por todos los ciudadanos. El hombre maduro que escandaliza a las gentes con sus adulterios, fornicaciones, disgustos, injusticias de todo tipo, se vuelve repugnante para todas las personas y no sólo se causa dolor a sí mismo, sino que también amarga a sus familiares y trae dolor y confusión a todo el mundo.

La Influencia Saturnina. ¡Yo sé!

De los 56 a los 63.

Aquel niño que fue desarrollándose por la vida a llegado al punto de entender, comprender y saber lo que es la vida, su desarrollo y su personalidad.

La ancianidad propiamente dicha, se inicia a los cincuenta y seis años con Saturno el viejo de los cielos y termina a los sesenta y tres años. No quiero decir que forzosamente a los sesenta y tres años tengamos que morirnos todos, no, sino que el primer ciclo de Saturno propiamente comienza a los cincuenta y seis y termina a los sesenta y tres.


Los primeros cuarenta años de vida nos dan el libro. Los treinta siguientes el comentario. A los veinte años un hombre es un pavo real; a los treinta, un león; a los cuarenta, un camello; a los cincuenta, una serpiente; a los sesenta, un perro; a los setenta, un mono, y a los ochenta, solamente una voz y una sombra. El tiempo revela todas las cosas, es un charlatán muy interesante que habla por sí mismo aun cuando no se le esté preguntando nada.

Para mí fue estresante desarrollar esta entrada ya que me base en los libros de Samael Aun Weor y la verdad este autor es sumamente exigente; mientras vas leyenda y aprendiendo comienza una tremenda sensación de querer correr ya que te hace ver que las etapas de la vida pasan y con ellas tu vida.

Realmente estaremos dormidos, como afirma Samael, tranquilos como si todo estuviera perfecto y en realidad no es así. La vida, los planetas y sus influencias pasan y no regresan.

La cuestión radica en cómo queremos vivir al final de nuestras vidas…

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