Cuentos e Historias EL ANHELO DE SABER.

Un hombre que deseaba adquirir el conocimiento sobre la verdad de la vida y sus ocultos misterios, decidido dejarlo todo y se marcho a la India en busca de un verdadero maestro que le iniciarse en tal búsqueda.

Cuando llego a tal inmenso país, no sabia a donde dirigirse, por lo que dejo que su intuición le guiase. Al cabo de muchas horas de caminar por las calles y no viendo más que falsos gurus y sadhus, decidido dirigirse hacia la montaña más alta.

Tras días caminando bajo el calor del sol, lluvias torrenciales y soportando el hambre, el frio y el cansancio llego por fin ante un pequeño templo situado en lo alto de la colina. Muy contento se dirigió a su puerta y con las escasas fuerzas que le quedaban golpeo el portón.

Minutos después, el rostro afable y dulce de un anciano que irradiaba sabiduría le apareció tras una puertecilla y con voz muy agradable le pregunto: “Que deseas hijo mi”.

El hombre pleno de jubilo inmediatamente contesto “Quiero aprender, tengo un ferviente deseo de saber y conocer el porqué de la existencia…”

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Antes de que el hombre terminara de hablar, el anciano cerro de un golpe la puertecilla, mientras se le oía decir: “Vuelve otro día” y sus pasos se escucharon tras el portón, haciéndose cada vez más lejanos hasta quedar en un profundo silencio

El pobre hombre, sin entender nada, siguió esperando en el portón, creyendo que tal vez el anciano había tenido que ir a atender alguna función que, como monje, debiera realizar en aquel momento. Pero pasaron las horas y la puerta seguía cerrada, a tal punto que la noche lo envolvió en su oscuro y frio manto, por lo que decidió irse a resguardar del húmedo roció.

Tapado con unas simples ramas que puedo encontrar y entre unas rocas cercanas, esa noche se la paso sin dormir, meditando sobre lo que había pasado son llegar a acertar que pudo haber ocurrido. A la mañana siguiente, con los primeros rayos de sol, se apresuro nuevamente a ir hacia el portón. Esta vez golpeo con más ímpetu que el día anterior, decidido a que le abrieran y le permitieran ser aceptado como novicio, para adentrarse en el saber de los arcanos misteriosos.

Por segunda vez, la puertecilla se abrió lentamente dejando ver el mismo rostro del día anterior. Nuevamente, con voz dulce y agradable el anciano pregunto “¿Qué deseas hijo mío”

El hombre contento por ser recibido de forma tan afable por parte del portero del monasterio repitió el mismo comentario, mientras su rostro reflejaba una sonrisa de alegría “oh noble anciano, quiero entrar y aprender, tengo una ferviente deseo de..”

Esta vez el anciano no le dejo terminar su frase y, con mas fuerza que la anterior volvió a cerrar la puerta comenzando a alejarse del portón, mientras como el día anterior se le escuchaba decir “vuelve otro día”

Aquello dejo sin habla al pobre hombre quien, triste y cabizbajo dio media vuelta dispuesto a volverse por donde había venido y dejar aquella búsqueda inútil que, entendía, era un error y una perdida de tiempo. Conforme se alejaba del monasterio, reflexionando sobre lo ocurrido y liberando una lucha interior entre el quedarse o regresar a su hogar, opto por volver a intentarlo una última vez al día siguiente.

Esa noche, una fuerte lluvia y un frio atroz sumado a al hambre, el sueño y el cansancio que venia soportando desde su llegada a la India. El hombre aguanto con firmeza pensando que tal vez mañana le abrirían y podría consultar todas sus dudas e inquietudes a los monjes.

Con los primeros rayos de luz, profundamente fatigado y a punto de desfallecer por el nefasto estado en el que se encontraba, el hombre volvió a golpear el portón. Una vez más la puertecilla se abrió dejando ver el rostro del mismo anciano. Este, al observar que nuevamente era el hombre de días anteriores, sonrió y sin más, abrió la puerta al caminante recibiéndolo con un fuerte abrazo y diciendo: “pasa hijo, has venido por tercera vez y eso indica que tu anhelo de saber es verdadero. Ven a cambiarte esas viejas ropas y pasa a la cocina a alimentarte ya que debes estar hambriento y que después comenzaremos a alimentar tu espíritu.

Son muchos los que dicen estar interesados en aprender el conocimiento de la vida, cuando en el fondo lo que se mueve no es mas que mera curiosidad. Para esos no esta abierta la puerta del conocimiento. Otros dicen tener interés, pero no se esfuerzan lo más mínimo en adquirir la verdad, porqué saben que al adquirir el conocimiento ello les obliga a cambiar y hacerse responsable de si mismo y por lo tanto solo hablan de su interés con algún amigo o en alguna reunión, pero siguen haciendo las mismas cosas sin mover un dedo por encontrar la verdad.

La verdad solamente será dada a aquellos que realmente demuestran un verdadero y profundo anhelo de saber y que estén dispuestos a cualquier cosa, incluso a los cambios necesarios en la vida a fin de encontrarla. Para esos, las puertas de la sabiduría estarán siempre abiertas, siendo recibidos por los maestros con los brazos abiertos y un corazón henchido de amor, con el que compartir su saber.

Media siempre sobre cual es el propósito de tu vida… venimos de la tierra y volvemos a la tierra, seremos comida para gusanos y puedes dejar de respirar dentro de cinco minutos, mañana o dentro de un año… trata de aprovechar el tiempo para tu realización.

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