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Cuentos e Historias EL ZAPATERO REAL.

Damian el zapatero era muy pobre y a pesar de que trabajaba todos los días, con dificultades lograba cubrir sus gastos y los de su esposa.

Un día se quedaron sin piel para hacer zapatos, ni dinero para comprar la piel. Damian salió a caminar por el bosque con la finalidad de esclarecer sus pensamientos e identificar que podría hacer. Cuando llego a la orilla del rio escucho una pequeña voz que gritaba angustiada; se trataba de un duende que se estaba ahogando. Damian salto a las heladas aguas y rescato a la curiosa criatura. Cuando la dejo en la orilla el duendecillo se fue corriendo sin decir palabra alguna.

“Ni las gracias me dijo”, pensó Damian mientras regresaba a casa temblando del frio. Su mujer saco de la alacena un pan duro y un pedazo de cebolla mientras su esposo se cambiaba. La cena transcurrió en silencio y al termino la pareja se fue a dormir.

A la mañana siguiente, cuando despertó, el zapatero calentó agua para lavarse, vistió su ropa desgastada y entro a su taller. Sobre la mesa hallo un pedazo de piel y un par de zapatos nuevos.

-¡Amor, ven a ver lo que hay aquí!- grito Damian a su mujer.

-Eso es increíble- dijo la señora al entrar.

Al rato llego un cliente que compro los zapatos. Luego llego otro que les encargo un par de botas que los esposos comenzaron a confeccionar con el pedazo de piel. Al final del día fueron a acostarse.

Al amanecer, cuando entraron al taller, su sorpresa fue aun mayor: las botas ya estaban terminadas. Damian y su esposa saltaron de felicidad y planearon permanecer despiertos la noche siguiente para indagar el misterio.

Ya casi se estaban quedando dormidos cuando vieron entrar al taller a doce duendecillos, cada uno con una herramienta en las manos, que se pusieron a trabajar como hábiles zapateros. Damian y su esposa se acercaron para hablarles, pero los duendes desaparecieron dejando una nota:

“Hoy por usted y mañana por nosotros y pasado mañana por usted y pasado mañana por nosotros. Agradecemos que rescatara del agua a nuestro hermano”.

Los esposos, agradecidos, pensaron en corresponder a la valiosa ayuda de sus diminutos amigos.

-Los duendes son muy friolentos, vamos a coserles algunas prendas para que se cubran – propuso la señora del zapatero.

Así que prepararon doce trajecitos de terciopelo y gorras, dejándolas sobre la mesa del taller. Aquella noche se escondieron para observar la llegada de los duendes, quienes, al hallar la ropa, se la pusieron y saltaron de alegría por estar a la ultima moda.

El zapatero y su esposa, regocijados por la felicidad de los duendes, pusieron música y salieron para festejar con ellos. Pero las criaturitas saltaron por la ventana.

-Los hemos asustado – dijo Damian a su esposa.

A la mañana siguiente, cuando entraron al taller los esposos hallaron dos paquetes. En uno había unos zapatos de raso con hebillas de diamantes y en otro, unas zapatillas de terciopelo con rubíes. Pensaron que eran un lujo excesivo para ellos y solicitaron una audiencia con los reyes para dárselos de regalo.

Maravillados con los zapatos, el rey y la reina los nombraron zapateros reales. Damian y su esposa tuvieron mucho trabajo el resto de sus días.

Cuento popular alemán.  

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