Símbolos, mitos y leyendas EL AUTILLO.

Ave Simbólica: El AUTILLO.

Lenguaje Simbólico El guardián de la noche.

Es una especie de lechuza denominada “autillo”, que está presente en casi toda Europa, célebre por su ulular lastimero y melodioso que emite durante todo el mes de febrero, en la estación de los amores.

Ave de pequeño tamaño, caracterizada por poseer un plumaje grisáceo o pardo rojizo, que presenta un complejo diseño de salpicaduras, franjas y vermiculados, en diferentes tonalidades, lo que le permite pasar completamente inadvertida cuando descansa en las ramas de los árboles. Contribuyen a aumentar su mimetismo los pequeños penachos cefálicos, a modo de falsas “orejas”, que descomponen la redondez de su cabeza. Los ojos tienen color amarillo brillante. Ambos sexos difieren en sus medidas corporales (son mayores las hembras), si bien las diferencias en cuanto al plumaje resultan bastante sutiles. Los jóvenes muestran un plumaje muy semejante al de los adultos.

El autillo es sedentario. Se le puede ver durante todo el año, sobre todo al caer la noche, en los bosques o en las lindases de los bosques que se encuentran cerca de los poblados.

La hembra pone 3 o 4 huevos, que incuba durante un mes aproximadamente, en marzo o abril y se queda con sus crías durante seis días para protegerlas, mientras el macho se encarga de aportar la caza, pequeños mamíferos o pájaros, la mayoría de las veces, ranas e insectos.

En la mitología griega era el ave que acompañaba a la diosa Atenea, de la que se cuenta que para ver en la noche tenía sus mismos ojos.

La mirada de las rapaces nocturnas es fija y penetrante, con unas pupilas muy dilatadas, adaptación a la caza nocturna y su visión, particularmente en luz baja, es excelente. Aunque estas aves tienen visión binocular, sus ojos están fijos en su lugar y tienen que girar toda su cabeza para ver hacia otra dirección. Son hipermétropes y no pueden ver nada a unos centímetros de sus ojos.

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El canto del autillo europeo es un característico tiuu aflautado, repetido regularmente en intervalos de aproximadamente 2 segundos. En primavera, las manifestaciones sonoras pueden durar varias horas, pero tras la puesta de los huevos decrecen notablemente. La hembra emite un canto semejante al del macho, aunque algo más agudo.

Las lechuzas como familia se les asoció a la noche y también, por supuesto, a la Luna. De manera que, para los aztecas, así como para los antepasados de la civilización inca, simbolizaba la Casa de la Noche, mientras que el águila, su opuesto, representaba la Casa del Día.

En la Edad Media, el autillo se le atribuyeron poderes maléficos. La Iglesia lo asociaba a la muerte, al mal y a la brujería. ¿Tal vez porque en tiempos más lejanos aun simbolizaba la clarividencia y los dones de adivinación? En efecto, era fácil mirar con malos ojos -la encarnación del mal de ojo -a este pájaro rapaz que caza durante la noche y que parece tener miedo a la luz del Sol. Pero, en aquel momento, se había olvidado de que el autillo era el atributo de Atenea, hermana de Apolo, diosa griega de la guerra y de la sabiduría, la fecundidad y las artes. Al igual que Atenea, el autillo es un inspirador y un iniciador.

En plena noche, se le puede oír lanzar su canto o su grito, pero solo se le ve en luna llena, que es propicia para la caza.

Cuando se representa a una lechuza como símbolo de adivinación o clarividencia, tenemos que distinguir la lechuza del autillo. La primera vela por los vestigios del pasado, por consiguiente, por el conocimiento y el saber ancestrales, los cuales este animal es susceptible de transmitir a quien le corresponda, mientras que el segundo tiene el papel de guardián de la noche, que protege al hombre de los demonios o le advierte si éstos se manifiestan o le ponen en peligro.

En el folclore de Chile y parte de Argentina, los búhos y lechuzas son considerados un tipo de «ave agorera» (ave de mala suerte)

Entre los vascos, el búho es considerado un animal poco inteligente.

En la cultura japonesa, los búhos son símbolos de la muerte y ver uno se considera de mala suerte.

En la cultura rumana, y escuchar el sonido producido por estas aves es una indicación de que alguien va a morir en el vecindario, debido a que el sonido es parecido a un lamento.

Los romanos los consideraban aves funerarias, por sus actividades nocturnas y por tener sus nidos en lugares poco accesibles, por lo que ver a un búho en el día se consideraba de mala suerte.

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