HAMBRE Y OBESIDAD en un solo lugar MÉXICO.

En tono de broma, pareciera que México se quiere llevar todas las medallas. Lo lamentable es, que no son al mérito sino al menosprecio.

La encuesta Nacional de Salud y Nutrición establece que el 80.8% de los hogares que viven en el estrato rural están clasificados en uno de los tres niveles de inseguridad alimentaria. La cifra baja al 67% si se analiza el estrato urbano.

Según la Unicef, en México la situación de desnutrición para los niños de entre cinco a catorce años se sitúa en 7.25% en las ciudades, y la cantidad se duplica en poblaciones rurales. El mismo informe denuncia que el riesgo de que un niño o niña indígena se muera por diarrea, desnutrición o amnesia es tres veces mayor que entre la población no indígena.

Resulta que México, paradójicamente, es considerado el primer país del mundo con obesidad infantil y el segundo en obesidad en adultos.  

Si a esto le añadimos que dos de las personas más ricas del mundo son mexicanas, que nuestro país se encuentra dentro del G20 y es considerado uno de las principales economías emergentes de toda América Latina… solo podemos atribuir estas alarmantes cifras a la gigantesca desigualdad vivida en la actualidad.

Por un lado, la pobreza que vive alrededor de 52 millones de personas y por el otro lado, a los 48 millones que se encuentran por encima de su peso. Ambas situaciones son mortales: El hambre mata a más personas que el sida, la malaria o la tuberculosis. Mientras que la obesidad deriva en numerosas enfermedades crónicas que la convierten en la principal causa de mortandad de México.

La relación hambre-pobreza es fácil de comprender, pero la de obesidad-pobreza no atañe solo a una cuestión de falta de educación alimentaria sino a la falta de alimentos de mayor calidad.

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