Símbolo, mito y leyenda: El ARCE

Árbol Cósmico El Arce.

Lenguaje Simbólico de gracia personificada, fertilidad y felicidad erótica.

Si viéramos a este árbol como si fuese una persona, diríamos que El Arce es trata de una personalidad llena de imaginación, original, tímida, reservada, ambiciosa, segura de sí misma, que aprende rápidamente y que le gusta impresionar y es que de esa forma hace referencia el horóscopo celta respecto a todos los nacidos de Abril 11 a abril 20 cuya representación es el Árbol de Arce (la mente abierta)

El Arce se consagra a Dana, diosa celta de la fertilidad y la felicidad erótica. La diosa madre entre los dioses, que simboliza fertilidad, juventud y muerte siendo que representa una triada de diosa madre (Dana) como madre y símbolo de fertilidad; diosa muchacha (Brigida) símbolo del amor y la juventud; diosa anciana (Anu) misterio de la muerte y la trascendencia.

No solo se relaciona con la mitología celta nuestro emblemático árbol ya que en la mitología griega Arce (en griego Άρκη, ‘veloz’, ‘arco’) era hija de Taumante y la oceánide Electra, y hermana de Iris y de las Harpías, se decía que personificaba el segundo arco iris que desvanece. En la guerra que enfrentó a los dioses olímpicos con los Titanes (la Titanomaquia), ambas hermanas escogieron bandos opuestos: Arce fue la mensajera de los Titanes e Iris la de los olímpicos. Zeus castigaría más tarde a Arce por ello arrojándola al Tártaro y despojándola de sus alas, que fueron regaladas a Tetis en su matrimonio con Peleo. Luego Tetis fijaría estas alas a los pies de su hijo Aquiles, que sería por esto llamado ποδάρκης podárkes, ‘pies veloces’.

El Arce ha sido considerado un símbolo de gracia personificada por muchas culturas de Asía durante cientos de años, Asociado con la paz y la serenidad de los elementos del mundo. En Japón les llaman Kito que significa clama, paz representando equilibrio y sentido práctico.

Es un árbol muy cultivado como bonsái, tal vez esté entre los tres árboles más importantes dentro de la cultura del bonsái.

Inicialmente utilizado en China cuyo significado es “conocer el honor”,  fue cultivado y comenzó a extenderse por todo Asia, especialmente en Japón y Corea. No fue hasta finalizada la segunda guerra mundial, cuando se comenzó a cultivar en el mundo occidental.

Existe una especie famosa sobre todas las demás, el Arce Palmatum (Arce Palmado o Arce Japonés), que es casi endémica de Japón, y de la cual, a lo largo de las generaciones, se ha especializado su cultivo. 

Los algonquinos orientales plantaban arces jóvenes sobre las tumbas de sus difuntos. Era parte del ritual funerario de esta tribu de nativos americanos.

Cuenta una leyenda de las tribus americanas que una pequeña ardilla trepó a lo largo del tronco de un árbol y mordió una rama… y comenzó a beber. Un indígena a pié del árbol de arce lo miró y se preguntó por qué tomaba savia en vez beber de un manantial de agua fresca que fluía cerca. Se trepó al árbol y tal como hizo la ardilla con su cuchillo descortezó… ¡y qué sorpresa al probarla! Hasta entonces, su tribu solo encontraba azúcar en frutas silvestres. Además, acababa de descubrir una cura para el escorbuto del cual su familia a menudo sufría en el invierno cuando no hallaban fruta alguna.

Para los canadienses es su emblema nacional cuyo jarabe que confeccionan a partir de la savia calentada y batida, se ha convertido en su producto nacional.

El arce, símbolo de longevidad y de vigor en Norteamérica, así como en todos los países anglosajones, también tenía fama de eliminar los demonios y los malos espíritus nocturnos. Por eso, se colocaba arce en las puertas de las casa o al pie de la cama, al igual que la cigüeña coloca muchas ramitas de arce en su nido, con el fin de eliminar los murciélagos, tan aficionados a su huevos.

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