El adulterio en la Edad Media

El adulterio ha estado presente desde los comienzos de la humanidad y a pesar de las penas y castigos severos aplicados en la edad media, las relaciones extramatrimoniales no eran infrecuentes.

Por ejemplo, en Roma, en el siglo XIV, si el adulterio se cometía con un pariente, se consideraba incesto, la mujer era condenada a la hoguera y el seductor decapitado.

Las penas eran más severas para el caso de las mujeres infieles. Toda mujer casada encontrada en flagrante delito de adulterio perdía toda su dote en beneficio del marido o de los hijos, y, además, podía ser azotada en público y expulsada de la casa conyugal e incluso de la ciudad en la que residía.

Es más, con el paso del tiempo se llegó a legitimar el uso de la violencia y se daba por bueno el asesinato del amante y de la adultera, siempre en defensa del honor del ofendido.

Pese a tan severas penas, el adulterio era frecuente.

Para algunos estudiosos: la razón se debía a las muchas dificultades existentes para disolver un matrimonio. De hecho, este no podía ser disuelto de no demorarse la existencia de una unión anterior, en caso de consanguinidad probada, impotencia por parte del varón o esterilidad por parte de la mujer. Para otros, el matrimonio acordado sin el consentimiento de la pareja. Fuesen cual fuesen las razones, la edad media nos cuenta infinidad de historias de pecaminosos romances.

Además, en la actualidad uno puede disolver su matrimonio en quince minutos y le regalan unas cervezas y eso no ha disminuido la infidelidad… por lo tanto, podríamos basarnos mas en la idea de que existen personas deseosas de representar, experimentar un drama en esta vida o simplemente su personalidad no le da para la fidelidad.

Un documento de 1431 expedido por un notario de Parma, nos refleja la existencia de separaciones matrimoniales bajo el mutuo acuerdo, donde podemos observar el caso de Pasquina Mateoli, una ama de casa natural de Roma y su marido Simione Di Matrezzo, un tejedor de profesión. En dicho documento nos comenta que tras diferencias continuas que solían acabar en golpizas e insultos, los conyugues aceptaban vivir bajo distinto techo hasta que ambos cambiaran de opinión.

Cabe destacar que, en aquella época, el maltrato físico a la mujer estaba mas que aceptado, eso sí, debía cumplir el protocolo notarial de Brescia en 1378, por lo tanto, uno podría ponerle una madrina a su consorte siempre de forma honesta y justa, con el consentimiento jurídico, según la costumbre de que los hombres hacen bien en corregir y castigar a sus buenas y honestas consortes.

Han pasado más de 500 años y en la actualidad, existen personas considerando valido ese argumento.

En que hemos cambiado…

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