El Tarot y El Árbol de la Vida LA TEMPLANZA.

La templanza del tarot está ubicada entre Yesod y Tiferet, el camino conocido como Sameck (letra hebrea) que lleva al iniciado desde el fundamento (los cimientos, la esfera de la luna) hacia la belleza (la visión de la armonía, la esfera del Sol). Es un camino vertical, equilibrado en la columna central del árbol y considerado uno de los senderos más importantes y difíciles de la cábala práctica, donde se experimenta una parte fundamental de la Gran Obra. Se trata, en términos alquímicos, de la destilación del negro.

En el Sepher Yetzirah leemos que este camino es el de la Inteligencia de la Prueba (valor numérico 60, plano de las decenas aludiendo a las pruebas en pos de la realización humana) y es llamado de esta manera porque en él El Creador prueba a la persona justa. Así que es en este camino en el cual se somete y verifica las creencias en los desafíos de la vida cotidiana estableciendo la propia verdad en un proceso continuo de intentos y equivocaciones, adentrándose en el mundo del Yo Superior. Es aquí donde el psiquismo astral de Yesod conecta con la conciencia intuitiva y el Yo Superior de Tiphareth.

El nombre de la letra Sámekh o Sámej hace referencia a las ideas de sostén y apoyo que en relación con el arcano mayor la Templanza resalta cual es nuestro sostén y apoyo para evolucionar desde una identidad primaria, en relación a la esfera de la luna (supervivencia) a una identidad más auténtica (Yo superior) de la esfera del Sol.

Esto se debe entender como la relación entre “sostén” y “evolución” no como un apoyo estático, sino como una continua armonización de opuestos. La identidad primaria en la que normalmente actuamos, donde destacan las acciones repetitivas y condicionadas de nuestra personalidad, funge como el piso, el cual soporta nuestro trabajo de sostenernos para impulsarnos a un nivel más consciente, más elevado. Creando un desarrollo evolutivo que va alzándose en planos más perfectos sin perder el piso donde apoyarnos.

Jeroglíficamente la letra hebrea Samekh, Sameck o Sámej representa una serpiente mordiéndose su propia cola: es aquella que se alimenta de su propia sustancia. Es el uróboro abrazando el cosmos en un inmenso circulo continuo, evitando que se desintegre, tal como un útero que preserva la vida. Este es uno de los símbolos más antiguos que se conocen. Representa la manifestación y la reabsorción cíclica, la unión sexual y la autofecundación permanente, cuyo significado es la perpetua transformación de la muerte en vida y de la vida en muerte, la muerte que sale de la vida y la vida que sale de la muerte. Otra interpretación mostraría la unión del mundo animal – la serpiente – con el mundo espiritual – el circulo- Existiría aquí una especie de unión de opuestos que se ve más clara en algunas representaciones en que la serpiente, longitudinalmente, la mitad blanca y la mitad negra.

La realización del plano humano no se refiere a la búsqueda de seguridad en un cuerpo de creencias o en una teoría determinada. El estado de seguridad es estático y está anclado en el miedo; la búsqueda del sostén es dinámica, y desafía el miedo, es la acción continua de revelarnos a nosotros mismos y poder integrar lo que yace como desconocido en cada uno de nosotros.

El significado de este camino puede compararse como la imagen del caballo y el jinete: el caballo es el apoyo, el asiento, la montura del jinete. El jinete, valiéndose de ese apoyo imprescindible, tiene que conducir al animal. Al galope, son casi una sola cosa bien templada, bien combinada y en movimiento. El caballero en los relatos medievales son imágenes de las que se vale la literatura para hacer referencia a este proceso de mutuo entendimiento. De un modo semejante, nuestra identidad primaria (plano animal) es el apoyo para el despertar de una identidad más solar y humana (plano humano): caballo y jinete moviéndose en ritmo complementario, realizando un recorrido con una dirección; el caballo aportando la vitalidad y el jinete, la capacidad de conducción. Cuando esto no ocurre, toma las riendas el plano animal. Esta situación se corresponde con la imagen del caballo totalmente desbocado, moviéndose a ciegas, mostrando la ausencia del jinete, aunque físicamente estuviera presente.

La Templanza con relación al árbol de la vida nos enseña a combinar lo que ya traemos, especialmente el psiquismo de la familia -origen-, con aquello que identificamos como más propio y personal.

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