¿Por qué nos mentimos a nosotros mismos?

Esopo define a la perfección este fenómeno con su fabula “La zorra y las Uvas”

Había una vez una zorra que estaba tomando un descanso bajo una bella viña.

De pronto le sonaron las tripas del hambre y le dio por elevar la mirada, para descubrir un bello racimo de uvas que colgaba en una de las plantas más bellas.

Pensó que aquellas uvas serían un espléndido alimento no solo para saciar su apetito, sino también para saborear algo distinto, refrescante y exclusivo.

Así la zorra se dispuso a tomar las uvas, pero había un pequeño problema. El racimo que le apetecía, y otros iguales de bellos, estaban demasiado alto como para que pudiera alcanzarlos.

De ello se percató apenas dio tres saltos. Por mucho que intentaba, apenas se acercaba.

Incluso cuando buscó algo para apoyarse y ganar un poco en altura, vio cómo todo su esfuerzo era vano. Siempre se quedaba unos centímetros por debajo, lo suficiente como para que las uvas siguiesen embelleciendo la planta y no saciando su apetito.

Tras mucho intentarlo la zorra desistió. Sin embargo, se percató que un pájaro había contemplado toda la escena de su esfuerzo desde lejos. Esto no le gustó, pues no toleraba el fracaso ni mucho menos ser comidilla de los demás, razón por la que se inventó una excusa y le dijo al ave:

-Intenté con esfuerzo hacerme con esas uvas porque pensé que estaban maduras y serían un plato delicioso para un paladar exclusivo y refinado como el mío. Sin embargo, a medida que me fui acercando con mis saltos me di cuenta que no estaban maduras, sino verdes, por lo que ya no hallé motivo para ello, pues no me interesa comer uvas verdes. Sólo por eso dejé de saltar.

Y de esta forma, con su orgullo en alto, la zorra dio la espalda al ave y emprendió camino, segura de que no probó las uvas no por su falta de esfuerzo, sino porque dejaron de interesarle y ya.

Cuando la zorra no consigue alcanzar las uvas, decide que no las quiere y al igual que ella cuantas veces nos hemos engañado a nosotros mismos para que disminuya la incomodidad al realizar algo que va en contra de nuestras creencias, gustos, preferencias….

¿Por qué diablos necesitamos justificarlo, mentir y autoengañarnos?

La respuesta correcta no las ofrece el psicólogo León Festinger quien explica cómo es que las personas intentan mantener su consistencia interna.

“Los individuos tienen una fuerte necesidad interior que les empuja a asegurarse de que sus creencias, actitudes y su conducta son coherentes entre sí. Cuando existe inconsistencia entre éstas, el conflicto conduce a la falta de armonía, algo que la gente se esfuerza por evitar”.

En base al esfuerzo por evitar la inconsistencia Festinger junto con Carlsmith diseñaron un experimento social para comprobar que cuando tenemos poca motivación extrínseca para justificar un comportamiento que va en contra de nuestras actitudes o creencias, tendemos a cambiar de opinión para racionalizar nuestras acciones.

El experimento se llevó acabo en La Universidad de Standford donde pidieron a unos estudiantes, divididos en tres grupos que realizaran una tarea percibida como muy aburrida. Posteriormente, se les solicito a los estudiantes que mintieran, pues tenían que decirle a un nuevo grupo que iba a realizar la tarea, que ésta había sido divertida. Al grupo 1 se le dejó marchar sin decir nada al nuevo grupo, al grupo 2 se le pagó 1 dólar antes de mentir y al grupo 3 se le pagó 20 dólares.

Una semana más tarde, Festinger llamó a los sujetos del estudio para preguntarles qué les había parecido la tarea. El grupo 1 y 3 respondió que la tarea había sido aburrida, mientras que el grupo 2 respondió que le había parecido divertida.

¿Por qué los miembros del grupo que habían recibido solamente 1 dólar afirmaban que la tarea había sido divertida?

La investigación concluyo en que la gente experimenta una disonancia entre las cogniciones en conflicto. Al recibir sólo 1 dólar, los estudiantes se vieron obligados cambiar su pensamiento, porque no tenían otra justificación (1 dólar era insuficiente y producía disonancia cognitiva). Los que habían recibido 20 dólares, sin embargo, tenían una justificación externa para su comportamiento, y por tanto experimentaron menos disonancia.

Esto parece indicar que si no hay ninguna causa externa que justifique el comportamiento, es más fácil cambiar de creencias o actitudes.

Expongo un ejemplo de ¿Por qué nos mentimos a nosotros mismos?

Si pensamos «soy una buena persona» y a la vez «he engañado a un amigo». En este caso, si sientes que engañas a un amigo y al mismo tiempo te consideras una buena persona, estarás en un estado de disonancia que resulta bastante desagradable, de manera que intentarás hacer algo para eliminar dicha disonancia. Para reducir el malestar que provoca, lo que hacemos a menudo es cambiar una de las cogniciones, o ambas, para hacer que sean más compatibles. Por ejemplo: «En realidad no era un buen amigo y se lo merecía porque sé que me habría hecho lo mismo», o bien «la culpa es suya porque se ha dejado engañar…», etc.

Festinger plasmo sus hallazgos en su libro “Theory of Cognitive Dissonance» (1957), una obra que revolucionó el campo de la psicología social, y que se ha utilizado en distintas en áreas, como la motivación, la dinámica de grupos, el estudio del cambio de actitudes y la toma de decisiones.

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